No hay duda que el asentamiento de comunidades judías en Tarragona data de muy antíguo, -dice Gabriel Secall i Güell, en Les jueríes Medievals Tarragonines (1983)- “A pesar que tenemos pocas noticias, podemos decir que se remonta al siglo V. Durante la convivencia judeo-árabe, en los siglos X y XI, fue llamada La Ciudad de los Judíos”.
A partir del siglo XII reconquistada a los árabes la Ciudad y Campo de Tarragona y la restauración arzobispal en la antígua Tarraco, conviven en ella los hebreos con los repobladores cristianos, proporcionandoles a estos los servicios y mercancías necesarias
De la cercana villa de Reus, se tienen noticias desde 1154. El Castillo del Camarero de la Catedral de Tarragona y Señor Feudal en Reus, data de 1171, el mismo año que se inició la construcción de la Seo tarraconense. Venidos de Tarragona, se establecieron familias de hebreos en este lugar que en 1168 obtenìa la carta de población. El orígen del nombre es incierto, no están de acuerdo los historiadores al fijar el nombre y etimología de Reus y se piensa que pueda derivar de la terminación de la palabra catalana de los primeros pobladores del lugar:“hebreus”. Esta villa situada en el casi centro geométrico de la comarca, en el que confluyen los caminos que descienden de los collados que comunican con el Priorato y con los valles del segre y del Ebro, con las montañas de Prades y la Conca de Barberá., estaba organizada en pleno siglo XIII, edifica su hospital en 1244. Los judíos de Reus establecieron comercio con otras poblaciones del Campo de Tarragona y la Ribera del Ebro. Durante el siglo XIV, Reus, contaba con unas 350 fuegos o hogares,. En 1320 por un privilegio del rey Jaime II le es otorgado a la villa, oder celebrar mercado cada lunes. Actualmente, se sigue celeberando por la fiesta de San Jaime una feria concedida por Pedro el Ceremonioso, en 1323.
En 1228 se hallan establecidas en Alcover familias hebreas de mercaderes que mantienen lazos comerciales con las poblaciones de Mont-ral, Vallmoll, Milà, Montroig, Albiol, Aleixar, Rojals, Vilallonga, Sarral, Valls, Morell, La Selva, Espluga de Francolí y Eixávega. En estas poblaciones y otras del Campo de Tarragona residían familias judías: Altafulla, Tamarit, Arbós, Vilarrodona, Cabra, Pla de Sana María, Santa Coloma de Queralt, Vilaplana, Alforja, Prades, Falset.
Tarragona fue cabeza de colecta durante buena parte del siglo XIV, para recoger los tributos, arbitrios y gabelas que los judíos de la ciudad y de la comarca cedían al rey, cuyo servicio, por exceso de gravámenes, ocasionó disputas entre esta aljama y las comunidades de su entorno, a las que algunas veces se excedían en el momento de distribuir las cantidades a pagar.
En el siglo XV durante el reinado de los Trastámara, Juan II de Aragón y su hijo Fernando el Católico-, que coincidió en los tiempos que ocupó la Silla de la Mitra tarraconense el arzobispo Pedro de Urrea (1444-1489). Las relaciones de los judíos con los monarcas aragoneses fueron muy buenas, hasta que se decretó por los Reyes Católicos, la sorprendente e inesperada decisión real de su expulsión. La comunidad judía de Tarragona se mantuvo hasta el verano de 1492, que en toda clase de embarcaciones partieron precipitadamente desde el puerto de La Ampolla, especialmente, familias de hebreos tarraconenses, no conversos, que abandonando sus bienes, no quisieron abjurar de su fe.
ERNEST VALLHONRAT I LLURBA |